5 costosos errores emocionales al comprar casa.

 

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Seamos honestos, comprar una casa es una experiencia de mucha carga emocional. Aún los inversionistas más experimentados admiten sentirse un poco nerviosos cada vez que se involucran en una transacción.

Adquirir una propiedad puede ser confuso y es casi como una prueba para muchos compradores. Es por ello que las personas suelen sufrir el remordimiento del comprador después de pasar ese proceso.

Los errores cometidos en esa montaña rusa de emociones pueden resultar muy costosos. Por ese motivo, es importante estar conscientes de las trampas, para evitar sus desagradables secuelas.

1. Justificar pagar de más

Es fácil hacerlo, sobre todo, cuando se percibe un buen momento en el sector inmobiliario, hablando de plusvalía. No obstante, pagar demasiado por una propiedad rara vez es un buen movimiento.

Si compras en el pico del ciclo del mercado, corres el riesgo de haber adquirido una casa que ya ha crecido suficiente en el mercado y que difícilmente se seguirá apreciando con el paso de los años. En caso de que lo haga, será un proceso lento.

Recuerda que si pagas de más desde el principio, estarás cediendo parte de tu ganancia.

2. Ser demasiado optimista sobre el crecimiento potencial

Creer que el valor de la propiedad crecerá año tras año es una trampa que podría llevarte a hacer una oferta de mayor riesgo.

Aunque, en general, es muy probable que eso suceda a largo plazo, no siempre se puede estar seguro de ello. Habrá años en que se estanque antes de volver a levantarse.

En México, la plusvalía promedio de los últimos años ha sido entre 3% y 4%. Claro, hay ciudades y colonias que están uno o dos puntos por encima de esta cifra.

Si cuentas con el hecho de que al comprar, el inmueble aumentará su valor, es decir, si en esa expectativa basas tu estrategia, te estarás exponiendo de manera significativa.

Es un error suponer que toda propiedad tendrá una gran plusvalía en el futuro. Comprar la casa equivocada, en el momento errado, en un ciclo de mercado donde el precio es el incorrecto y en un sitio donde no hay mucha demanda, es poco probable que te reporte ganancias.

3. Sentirse atraído por inmuebles baratos

Las casas con precios por debajo del promedio pueden ser atractivas para compradores con poco presupuesto, pero mayores riesgos suelen venir con ellas. Es muy simple ¿si es tan buena la oferta, por qué nadie las compró antes? Por lo general, hay una buena razón para que una propiedad en ese precio esté disponible por un largo periodo.

Cuando veas una casa en un precio de ganga, averigua qué puede estar sucediendo. ¿Hay algún problema relacionado con la zona, tendrá problemas estructurales, señales de infestaciones? En esos casos, las personas se muestran desesperadas por deshacerse de sus propiedades.

Reflexiona si estás dispuesto a asumir ese riesgo a cambio de pagar menos de lo que esperabas. La respuesta, en la mayoría de los casos, es no.

4. Apegarse demasiado a una propiedad

Hay una razón por la que se recomienda que el dueño de una propiedad no esté presente cuando la visitan potenciales compradores.

Enamorarte de una propiedad puede hacerte renunciar a tu inteligencia habitual y precipitarte para evitar que alguien te la gane. Eso nublará tu atención de los puntos cruciales en el contrato para hacer una oferta. A la larga, esos detalles terminarán costándote mucho.

Hay muchas propiedades entre las que puedes elegir. Conserva tu sentido común. Será mucho más difícil recuperarte de un mal acuerdo que del calor del momento.

5. Esperar la propiedad perfecta

Dudar en hacer el movimiento, una vez que viste una buena oportunidad, puede hacerte perder más que tiempo. Esperar demasiado a que el mercado despegue no es la mejor idea. Cuanto más esperes, los precios podrían subir y la competencia podría crecer.

Quizá cuando te sientas listo, ya no habrá inmuebles para comprar porque alguien te ganó. No esperes a que llegue la indicada. Es como en el amor, puedes quedarte esperando y nunca alcanzar tus objetivos, si no aprovechas las oportunidades en su momento.

Fuente: http://www.metroscubicos.com

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Cómo ahorrar para tu casa si estás rentando.

 

Cómo ahorrar para tu casa si estás rentando

¿Cómo ahorrar para comprar una casa propia cuando gran parte de tus ingresos se va en pagar la renta? Ese es el desafío de todos los días para millones de mexicanos.

Lo que hace todavía menos atractiva la idea del ahorro es la creencia generalizada –y aceptada por casi todo el mundo-, de que reunir la cantidad de dinero necesaria para hacer realidad el sueño de tener tu patrimonio, implica que tu estilo de vida se vaya al piso, o cuando menos, sea el que pague el precio más alto.

Pero no tiene que ser así. Estos consejos y trucos podrán ayudarte a aumentar los ahorros para tu casa, mientras sigues disfrutando el estilo de vida que tanto amas. Echa un vistazo y ponlos en práctica:

1. Presupuesta primero, ahorra después

Hacer una lista de tus gastos y elaborar un presupuesto parece el clásico consejo del abuelo, o el consejo sacado del libro más antiguo de asesoramiento financiero. De hecho, lo es y realmente funciona.

Es necesario que antes de emprender este viaje te sientes a analizar tus finanzas, ver cómo están, en qué gastas más, dónde hay fugas y, a partir de ese punto, trazar un plan de ahorro. No puedes ir a la guerra sin fusil, este es el primer paso a la victoria.

Cada persona es diferente, pero ahorrar 30% de tu salario sería genial. Hazlo si tienes la posibilidad. Cuando esto se dificulte -y antes de dictar un porcentaje-, arma tu presupuesto para tener un panorama claro de tu situación económica y de tus gastos. Hay aplicaciones en las que llenas datos tú mismo o a través de tu cuenta bancaria, y de esta forma obtienes la perspectiva que necesitas.

2. Ingresos adicionales

Dar asesoría, vender productos hechos por ti, hacer una venta de garage, pasear perros los fines de semana, conseguir algunas actividades freelance te permitirán tener donero extra que puedes destinar al ahorro.

3. Aleja la tentación

Si ya trazaste una cantidad de ahorro fija, deposítala en la cuenta bancaria que has dispuesto para ello. Hazlo tan pronto como te llegue tu salario, incluso puedes programar el retiro de dinero a una cuenta de ahorros de manera automática. Las personas que quieren echar mano de ese dinero para comprar un par de zapatos o para ir a tomar cervezas, siempre encuentran el pretexto para hacerlo. Poner una barrera extra para obtener ese dinero es perfecto para recordarte tu objetivo y mantenerte por el buen camino.

4. Regatea

Quizá no te hayas dado cuenta pero casi todo es negociable cuando hablamos de los costos del alquiler. Acércate a los proveedores de gas, electricidad, internet y busca promociones o hacer un trato por un costo menor. Si a ellos les interesa hacer negocios (y así es) no les importará bajarse un poco. Si no es así, busca otras empresas que te ofrezcan un precio más conveniente. Las encontrarás.

De la misma forma. El costo más grande que debes intentar reducir es el de la renta misma. Pregunta al dueño si está dispuesto a hacerte una reducción del precio de arrendamiento si acuerdan un contrato por más tiempo. Así, ambos disfrutarán los beneficios, tú tendrás un poco más de dinero en el bolsillo y el arrendador sabrá que tiene un buen inquilino por un periodo prolongado. Su ingreso estará garantizado.

5. Celebra tus éxitos

Ahorrar para tu casa es un objetivo a largo plazo y a veces puede parecer una prisión. Haz el proceso más agradable. Si ves que estás alcanzando tu objetivo, no hay nada de malo en darte una “palmadita” en la espalda de vez en cuando.

Es más, lo recomendable es asegurarse de que tú mismo te recompensarás a lo largo del sinuoso camino. La recomendación es fijarte metas, tal vez un año de ahorro estricto o medio año, si crees que no podrás lograrlo. Cuando hayan pasado esos 365 días, podrás darte el lujo de ponerte una estrellita en la frente (después que cenar en tu restaurante favorito). Es imprescindible que sientas verdaderos beneficios de tu ahorro, y no sólo el sacrificio.

6. Respira profundo

Mantén la calma y respira. Como cualquier objetivo de mediano o largo plazo, ahorrar para tu casa tendrá sus altas y bajas. Sin embargo, cuando lo consigas y comiences a vivir en ella, todo habrá valido la pena. El final del viaje es lo mejor, pero sólo si estás preparado y realmente comprometido para apretarte el cinturón cuando de verdad sea necesario hacerlo.

Antes de aventurarte da un paso atrás y pregúntate si es lo que realmente quieres, qué es lo que estás dispuesto a hacer y qué es lo que realmente podrías sacrificar. La clave es priorizar tus metas y nunca perder de vista lo que te motivó a decir: sí quiero.

Fuente: http://www.metroscbicos.com